No te dejes engañar por tus emociones: aplica Inteligencia Emocional

Por Carol Troll

 

Hoy existe una gran tendencia a impulsar las habilidades personales de interacción y aptitudes emocionales en el mundo corporativo para promover la atención, memoria, aprendizaje y habilidades con el entorno. El objetivo final es fomentar la motivación, responsabilidad y autonomía para lograr óptimos resultados no sólo con nuestros compañeros de trabajo, sino con los clientes.

 

Entendemos por inteligencia “la capacidad que tenemos los seres humanos de guardar y asimilar información para poder aprender, reconocer y relacionarnos con los demás. Ella nos permite controlar  todas las actividades que llevamos a cabo y, por ende, emitir las respuestas más adecuadas”.

 

En 1990, dos psicólogos norteamericanos, el Dr. Peter Salovey y el Dr. John Mayer, acuñaron un término “Inteligencia Emocional”, cuya fama futura era difícil de imaginar.

 

La inteligencia Emocional se describe como una forma de interactuar con el mundo que nos rodea por medio de nuestros sentimientos, habilidades, entusiasmo, perseverancia, empatía y agilidad mental. En general, nuestra actitud frente a toda circunstancia que amerite tratar con otras personas y su ya enmarañada existencia sico-emocional (cada cual tiene la propia y es irrepetible). Cosa nada fácil.

 

La inteligencia emocional es más allá que el conocido y aclamado título del best-seller de Daniel Goleman, quien popularizó el concepto hace poco menos de 30 años.

 

Este tipo de inteligencia se refiere al autocontrol de las emociones.  Es la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. Inteligencia emocional no es ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas…Aplicada, el individuo es capaz de saber definir lo que siente y por qué lo siente, lo que le permite hacerse responsable de sus acciones, mantener equilibrio emocional y usar sus emociones (sobre todo las negativas) a su favor, y además hacer que la sensación de fracaso le dé el ímpetu de volverlo a intentar.

Aplicado al marketing, ayuda a hacer las ventas por estado de ánimo de forma más efectiva, creando una nueva necesidad en el consumidor, haciéndole ver que además de satisfacer el deseo, se está satisfaciendo la necesidad de acuerdo a su personalidad y estilo de vida.

Se hace notar la empatía, o sea, que uno se está poniendo en los zapatos del cliente, que uno comprende su punto de vista y su tendencia (sea un bien o servicio lo que se está ofreciendo).

Así se consigue que el comprador se case con la marca y tenga una mayor oportunidad de ampliar el mercado potencial por tasa de uso y consolidar el ya cautivo.

 

Es notable hacer entender que para hacer negocios, lo primero que debemos potenciar es el trato con la gente, la manera de hablarles, comprenderles, demostrar que “me ubico” dentro de sus pensamientos y los decodifico para darle un mejor apoyo, pues recordemos que hoy, la transacción comercial, del tipo que sea, requiere mostrarse como un proveedor de soluciones, un respaldo constante, un asesor permanente de las necesidades del cliente.